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El mejor western pasó por Burgos

Un regalo para los mitómanos. Para los que idolatran al excepcional director Sergio Leone, al siempre duro y correcto actor Clint Eastwood, al sublime compositor Ennio Morricone o al spaghetti western de calidad, he aquí un documental de 11 minutos en el que se contraponen escenas de la obra cumbre del western El bueno, el feo y el malo con el estado de esas ubicaciones en la actualidad.

Llama la atención el verdor actual de las tierras burgalesas donde se rodaron escenas míticas del segundo film de "la trilogía del dólar". A día de hoy todavía circulan muchas historias y anécdotas del rodaje a su paso por las inmediaciones de la Sierra de la Demanda y Santo Domingo de Silos. Entre otras, la necesidad de construir una presa temporal para que el modesto caudal del río Arlanza se asemajara al del río Grande, o que la voladura del puente sobre el Arlanza hubo que repetirla debido a que las cámaras no estaban grabando, lo que obligó a que un regimiento del extinto cuartel de San Marcial de Burgos lo reconstruyera en apenas unos días.

Hace 2 veranos, con motivo del 50 aniversario del rodaje, tuve la oportunidad de conocer uno de estos parajes. En concreto se trata del escenario que cierra la película (y el documental), el cementerio de Sad Hill, donde se ven perfectamente los montívulos que un día fueron tumbas improvisadas. Eso sí, recubiertas de un potente verde. Por desgracia, en el documental no termina de apreciarse bien. Para los que quieran encontrarlo deberán buscarlo por un camino forestal que une Contreras y Santo Domingo de Silos.



Asistir a la proyección del film en tal lugar no tiene precio para los fans de Leone, Eastwood y Morricone. Soy uno de ellos y, por suerte, puedo contar tal experiencia.

Río revuelto en el sindicato

El Sindicato de la Zeja vuelve a la carga -era rara una ausencia tan prolongada- aunque en vez de arropar a su presidente Zapatero, en esta ocasión salen en acérrima defensa de su juez Garzón. Porque qué mejor que adular y defender a un juez estrella que va dando bandazos justo cuando la SGAE y su Ministra acaban de ser desautorizados por la Justicia, al haberse pronunciado ésta a favor de las descargas P2P y de las webs con links a dichas descargas.

Sin duda el momento elegido no podía ser más propicio. En plena crisis galopante, con los sindicatos "de verdad" apoltronados en sus casas o clamando contra los empresarios cuando asoman un pie por la calle, el sindicato de artistas y artistoides ha decidido tomar cartas en el asunto, y ya que obviar la crisis no es posible, han optado por desviar la atención y, de paso, respaldar a uno de los suyos -tanto en lo ideológico como en lo estrella- y guardarse en la recámara un favor para cobrarse.

Esto no hace más que sumarse a las estúpidas declaraciones del mediocre actor Willy Toledo, quien obstinado por sus ideales -esos de que todo lo rojo, todo lo que huela a comunismo es bueno sí o sí- se ha hartado a decir insensateces. Lo triste es que otros han tratado de quitar hierro al asunto, probablemente porque la Cuba que han conocido desde su privilegiada posición de artistas famosos de izquierdas difiere un mundo de la Cuba que sufren los cubanos anónimos.

Sin embargo, en medio de todo ello acaba de surgir otro grupo de artistas (de los "comprometidos con la causa") que han firmado un documento pidiendo el fin de los presos políticos en la isla que día a día destroza el comunismo de Castro. Entre ellos se encuentran Almodóvar, Ana Belén y Víctor Manuel. Al menos aportan un poco de cordura en el asunto y un contrapunto para sus colegas. Aun así, ¿quién es el guapo que entiende todo esto?

El realismo irakí gana en los Oscars

No hubo sorpresas y en la gala de los Oscars se premió lo que ya se sabía desde hace unos días. El morbo del duelo del ex-matrimonio Kathryn Bigelow-James Cameron se saldó con victoria casi por KO a favor de la primera mujer en lograr el Oscar a la mejor dirección. Su visión de un grupo de artificieros en la guerra de Irak ha sido ampliamente celebrada por la crítica y la Academia así lo ha reconocido concediéndole 6 estatuillas bastante merecidas.

A ello también ha contribuido su falta de posicionamiento político lo que, además de suponer un soplo de aire fresco dentro del cine, supone un gran punto a favor si consideramos lo políticamente correctos que son los Oscars. Quizás por eso Tarantino se haya visto totalmente relegado a un plano marginal logrando una sola estatuilla para el inmenso personaje del Coronel Hans Landa. Ni siquiera el guión ha sido premiado.



Pero ha sido Avatar la "perdedora" que más atención ha acaparado. Lo nuevo de James Cameron llegaba avalado por el éxito de taquilla y por la promesa de revolucionar el concepto del cine, algo que sólo habrán podido disfrutar en aquellos lugares con salas adaptadas a la tecnología 3D. En Burgos, no. Quizás por eso, y porque la historia que contaba no tenía nada de original, ha arañado 3 premios en categorías puramente técnicas.

Otra película que se va de vacío es Up in the air, a pesar de sus 6 nominaciones. Por contra, Corazón rebelde rentabilizó sus dos nominaciones con otras tantas estatuillas, destacando la de mejor actor principal para Jeff Bridges. Precious y Up también lograron dos premios cada una.

En cuanto a la representación española no hubo suerte ni para Penélope Cruz ni para el cortometraje de animación producido por Antonio Banderas. Sin embargo sí triunfó, rompiendo ligeramente los pronósticos, El secreto de sus ojos, de producción argentino-española. La película de Campanella superó a otros buenos títulos como Un profeta, La teta asustada o La cinta blanca, todas ellas merecedoras de un visionado, aunque coincido en que la mejor era esta historia argentina de suspense, cine negro, comedia y amor.

La dama y la muerte

Ocupadísimo por un último examen y por influir en la ponencia política del VII congreso provincial de NNGG de Burgos, os dejo el cortometraje de animación que venció en los Goya y que representará a España en los Oscars. Espero que os guste.



De factura impecable, quizás peque de repetitivo a mitad del mismo. Tras "El lince perdido", otra cosa más de la factoría de Antonio Banderas, Green Moon.

Anticipo de los Goya

A escasas horas de la gala de los Goya voy a analizar brevemente las películas candidatas. Para empezar, el año ha sido bastante bueno desde un punto de vista creativo y excepcional si hablamos de taquilla. Como lo oyen. A pesar de campañas contra la SGAE, de las lágrimas de estos y de mil artificios más en torno al cine español, hemos asistido a una cosecha fabulosa en nuestros cines. Culpables de ello son directores como Amenábar y Almodóvar, secuelas como [REC]2, gratas sorpresas como Celda 211, comedias sin pretensiones como Spanish Movie y productos teen como Fuga de cerebros y Mentiras y gordas. Paso al análisis.

Agora, con 13 nominaciones, es un producto de mucha calidad, ideado por nuestro mejor director, Alejandro Amenábar. Si bien es cierto que flaquea por culpa de varias interpretaciones muy flojas -exceptuando a la genial Rachel Weisz, Goya seguro- la incursión del chileno-madrileño en el peplum se salda con un meritorio resultado. Un emocionante segunda hora redime la lentitud de la primera. Eso unido a un gran dominio de la dirección -buenísimos zooms, vistas cenitales...- y a una elaborada música dan a Agora una factura muy hollywoodiense en la que a la omnipresente figura de Hypatia se une el tema del fundamentalismo. Totalmente desmerecidas las injustas críticas desde ciertos sectores ultracristianos. Pero ése es otro tema que abordaré en otro post.

Celda 211, grata revelación del año, con un inconmensurable Luis Tosar -también huele a Goya si Ricardo Darín no lo impide- acumula 14 nominaciones. Película de presidiarios, narrada con acierto y filmada con tensión que merece ser vista. El éxito de taquilla y crítica la precede.

El secreto de sus ojos es, probablemente, la mejor película del año; por lo menos en castellano. Pero tiene un serio handicap para llevarse el Goya a mejor película y es que al tratarse de una coproducción hispano-argentina también opta al Goya a la mejor película hispanoamericana, que tiene en el bolsillo desde ya mismo. Sólo La teta asustada, de la hija Mario Vargas Llosa podría hacer saltar la sorpresa. Juan José Campanella firma su trabajo más redondo (la experiencia en series como House se nota) en un precioso thriller que combina drama, comedia y un romance imposible. Ricardo Darín y Soledad Villamil, ambos candidatos al Goya, lo bordan, y Guillermo Francella, olvidado por la Academia, pone el colofón a la cuadratura del círculo a la que asistimos ante esta pieza excepcional. Lo mejor del cine argentino en su historia.

Del resto hay que destacar la película del olvidado Almodóvar, Los abrazos rotos. Fabulosas interpretaciones, buen guión, buena música y la habitual sensibilidad del manchego hacen de ella una buena película. Lástima que Pedro no se lleve bien con los "académicos". También acapara 8 nominaciones el film Gordos, de Daniel Sánchez-Arévalo. Un título que lejos de ser excepcional, ni tan bueno como Azuloscurocasinegro, sí es entretenido, deparando algunos momentos divertidos, con unas interpretaciones justamente premiadas con sus nominaciones y que confirman a su director como el Jason Reitman español.

Por lo demás esperar el anunciado fracaso de Trueba con El baile de la victoria -película elegida para representarnos en los Oscar y de ahí su nominación a mejor película-, acordarnos de títulos casi olvidados (Mapa de los sonidos de Tokyo, After, 25 kilates, Los condenados, Mal día para pescar...), ver quién es el nuevo director novel premiado, y desear que Tres días con la familia y Pagafantas reciban el reconocimiento justo.

Los piratas quemaministros

Y en este caso no me refiero a los armados somalíes, sino a otros tipos de guante blanco que se encargan de colgar en la Red todo tipo de obras protegidas por copyright. Parece que el tema de la piratería es uno de los caballos de batalla de este Gobierno, y también uno de los asuntos más espinosos y que más están desgastando al Ejecutivo de Zapatero. Prueba de ello es que Carmen Calvo y César Antonio Molina ya han sido devorados por la maquinaria del complejo Ministerio de Cultura. La siguiente bien podría ser Ángeles González-Sinde.

El caso de Carmen Calvo no admite duda alguna, pues ella sola se encargó de demostrarnos que ocupaba la cartera gracias al famoso cupo inventado por Zapatero. Tras ella aterrizó el poeta César Antonio Molina, mucho más moderado en sus planteamientos, lo que le llevó a enemistarse con los muchachos de la SGAE, así como con el poderoso y poco altruista gremio de actores y cineastas, lo que comúnmente se denomina como el grupo de los titiriteros. Éstos, arietes de Zapatero, acabaron con el poeta.

Así que nuestro Presidente optó por contentarlos con uno de los suyos, y de momento bien tranquilos están. Sin embargo, el escollo ha surgido ahora entre los internautas, un colectivo mucho más amplio y más difícil de controlar y que, encima, no parece entender tanto de ideologías, pues el manifiesto que pulula por la Red está siendo apoyado por todos los espectros políticos.

Tampoco es de extrañar. No en vano los internautas han sido atacados desde el mismo momento en que se propuso el canon y ahora que el canon no es lo suficientemente rentable -para la SGAE- se pretende obtener impunidad a la hora de cerrar sumariamente webs y blogs. Desde luego, este Gobierno se está mostrando incapaz de acertar con la solución, pero no porque ésta no exista, sino porque vive sometido a los caprichos de los empresarios opresores de la SGAE -ésos que cobran hasta por las actuaciones benéficas- y del gremio de titiriteros. Porque compensar a directores, actores, músicos, etc es algo de sentido común, pero no a cualquier precio.

Benditos bastardos

Tan tarantiniana como suponía, pero incluso más tarantiniana que ninguna otra. El enfant terrible de Hollywood riza el rizo y nos regala puro cine, pura poesía visual, adecentada al más puro estilo spaghetti western. Algún día acabará rindiendo tributo al género que hizo famoso el desierto de Almería, pero hasta entonces nos quedamos con éste en clave de guerra y con temas de Ennio Morricone.

Los bastardos son lo de menos en la película, aunque bien vendría que aperecieran algo más en pantalla. Veinte minutos para ellos son escasos, pero cuesta valorar el film como un todo cuando está estructurado en capítulos tan herméticos, suponiendo cada uno de ellos una propia película en sí misma, con su inicio, desarrollo y conocido desenlace. Siempre forzando la situación, tensando la espera, pausando el ritmo. Demasiado quizás, aunque sea en pro del cine.

Tarantino regresa con este cuidadísimo trabajo que deja un regusto a obra maestra una vez que comienzas a analizar los detalles: los decorados, los inmejorables planos, los extraordinarios diálogos... y ese gran Christopher Waltz, en el papel de Hans Landa "el Cazajudíos", que se come la pantalla a bocados. El de Tennessee se vuelve a enroscar en torno a su figura y su cine, reiventando el cine de guerra, asimilándolo a una banda tipo Reservoir Dogs con el objetivo de cortar cabelleras nazis.

Los elementos, ya clásicos, de su cine no faltan. De hecho, abundan más que en otras. Tono sosegado, gags que hacen soltar unas carcajadas, planos fetichistas a más no poder, imágenes que rebosan sangre por los cuatro costados y una banda sonora tan cuidada que merece la pena conseguirla. Malditos bastardos es puro Tarantino, y lo mejor que se ha rodado este año. Sólo le sobra un poco de metraje y una escena del Führer.


Efecto boomerang contra la piratería

La piratería está en boca de todos. Muchos la atacan vehemente, pero otros tantos la defienden, aunque sea con la boca chica no vaya a ser que se incurra en algún delito, léase exaltación de la piratería. Y como ya sabemos que descargar ilegalmente una canción está mucho más castigado que robar el CD original, es normal que la gente vaya con pies de plomo en este asunto. No así los muchachos de The Pirate Bay.

Estos suecos, impulsores del famoso Partido Pirata, fueron condenados hace unos meses por la Justicia sueca a penas de un año de cárcel y al pago de una desorbitada multa de 2,8 millones de euros. Sin embargo, su mediático caso sirvió para que una compañía de software sueca, Global Gaming Factory X AB, se interesase por el invento y pusiera sobre la mesa 5,4 millones para hacerse con la ultravisitada página. Buen negocio este de ir a juicio.

Ante este efecto boomerang, los principales estudios de Hollywood han decidido unirse e interponer una nueva demanda contra The Pirate Bay. El objetivo de los estudios, supongo, será sacar algo de dinero con una buena indemnización y que sirva de ejemplo para los cientos de páginas que se dedican a favorecer la descarga de películas, videojuegos, música... Como si de una superproducción se tratara, van a por el perro grande, buscando una sentencia favorable que ejerza de efecto disuasorio para sus colegas de pirateo. Mientras, los internautas seguirán haciendo uso de estas herramientas. Si eso, cuando los precios sean lógicos, entablan un diálogo.

Buenas perspectivas para el cine español

Este año, a pesar de la crisis, de la antipatía hacia el cine español y de otros muchos factores más, está siendo un buen año para la industria cinematográfica de nuestro país. Los que se dedican a ello seguirán llorando, porque el que no llora no mama, pero los datos están encima de la mesa y son inapelables. En 2009 están recuperando cuota de pantalla y mejorando sus cifras de espectadores en términos relativos.

Lo curioso es que sean los propios cineastas los que renieguen de cómo han logrado este repunte, ya que el mismo se debe al éxito de dos películas de escaso valor artístico pero que han sabido llenar las salas, congregando a más de 1.700.000 fieles ante la pantalla. Se trata de "Mentiras y gordas", un pufo de película con la firma de la Ministra de Cultura, y "Fuga de cerebros", de argumento insulso pero que, al menos, divierte. Y no es poco. Ambas siguen la misma máxima: juntar a los ídolos adolescentes en pantalla. De ahí que "El internado" o "Los hombres de Paco" sean la principal cantera de este nuevo cine de éxito. Y cómo les escuece que vengan las televisiones a hacer el cine comercial -el que se ve- y el que sube sus datos estadísticos. En definitiva, el que la población demanda.

No obstante, Pedro Almodóvar también ayuda a que se den estos buenos resultados. Porque aunque su cine gusta o no gusta, es indudable que cada nuevo trabajo suyo es seguido ampliamente en las salas de cine. La última, "Los abrazos rotos", sin ser su mejor título ha conseguido reunir a más de 600.000 personas sólo en España. A esos habrá que sumar los del resto de Europa que no serán pocos.



Y por si esto no fuera suficiente aún quedan unos meses en los que hay depositadas grandes esperanzas. Sin lugar a dudas lo nuevo de Amenábar, "Ágora", será la que más pueda relanzar al cine español. Para ello ya hay una buena campaña de promoción -lo que incluye su proyección en los festivales de Cannes y de Toronto- y, sobre todo, mucha expectación por descubrir cómo se maneja el madrileño en el género del peplum. Para cerciorarse de que el resultado agrade a la mayoría acaba de recortar veinte minutos, lo que seguro que se agradecerá.

Pero no sólo de Amenábar y Almodóvar vive el cine español. "Spanish movie", una suerte de "Scary movie" parodiando nuestras cintas más representativas, se estrenará en noviembre con la esperanza de llegar viva a la cartelera de Navidades. Y puede lograrlo. Por el camino de este año se quedan otras propuestas muy interesantes como "25 kilates" o "Pagafantas". Que su nombre no os prive de disfrutarlas.

Del "No a la guerra" a mendigar

Efectivamente en el "No a la guerra" comenzó el declive del cine español. Esta opinión no es sólo mía, sino que Marisa Paredes, expresidenta de la Academia del Cine, se ha descolgado con estas declaraciones ayer en Santander. Ella considera que ése fue el punto de inflexión en el devenir del cine español en taquilla. Y es que si el cine patrio nunca estuvo muy bien considerado entre los españoles, después de aquel arrebato político -socialista- el cine español, y sus cineastas, actores y demás miembros del mismo, perdieron gran parte de su credibilidad a ojos de la opinión pública.

Pretendieron usar toda su fuerza mediática, aunque ésta apenas traspasara fronteras, para echar una mano -en nada altruista- al equipo de Zapatero en su objetivo de conquistar el poder. Lo hicieron a sabiendas de dónde se metían y decidieron llegar hasta las últimas consecuencias, ofreciéndonos una gala de los Goya esperpéntica de la que Valle Inclán estaría más que orgulloso. Animalario fue la compañía de teatro encargada de prerarar el tinglado (Alberto San Juan y Guillermo Toledo, para más señas), con la total connivencia de la por entonces presidenta de la Academia, la cual hoy se rasga las vestiduras.

Ese "No a la guerra", sólo a la de Irak, claro está, pretendieron vendérnoslo como una muestra más de su irrenunciable conciencia social, pero el mensaje que caló fue otro bien distinto. España entera se quedó perpleja ante el hacer de esta gente y, si bien unos pocos lo apoyaron, otros muchos empezaron a tomar conciencia de que esto no podía seguir igual. Así es la condición humana, y acertar no es fácil. Es triste, pero fueron ellos quienes erraron. Los niveles de recaudación han bajado bastante, a la par que su cuota de mercado, y, sin embargo, los últimos años se han caracterizado por un aumento del nivel del cine patrio. Una pena que llegue a las salas con el cartel de "cine español" heredero de aquel espectáculo.

Mentiras y gordas: el bodrio de la Ministra

Mentiras y gordas, título de uno de los mayores éxitos de taquilla en España. Inversamente proporcional a sus ingresos en los cines españoles es su calidad artística. Y ya no hablemos de su guión. Lo peor es quien lo firma: Ángeles González-Sinde, a la sazón ministra de Cultura. Al menos espero que de su boca no salga la típica frase de que han intentado reflejar la juventud española, pues hacía tiempo que no veía algo tan desligado de la realidad. Incluso apuntaría que nuestra ministra ha firmado su primer guión surrealista. Espero que las medidas políticas que adopte no vayan en esa misma línea.

Sexo y drogas, sin rock and roll, es el argumento de la película, aderezado con un poquito de música house y homosexualidad, la cual supera su famoso porcentaje del 10% Imagino a padres despistados con hijos adolescentes que tras ver el bodrio y ultraexagerado film ya estarán preparando bunkers en los cuales mantener a salvo a sus hijos. Porque lo que presenta la película asusta un rato, y la realidad no es así. Aunque sólo sea porque en medio de una discoteca no hay quien hable, y menos que sus voces se oigan por encima de la música.

Decenas y decenas de escenas no son realistas. He aquí unos ejemplos: en una discoteca donde todo el mundo vaya metido hasta las cejas, sobre todo pastillas, es el peor lugar imaginable para intentar entablar una conversación. Y además nadie está quieto o bailando estilo reagge como si estuviera fumado. Son pastillas, no porros. Los guionistas y directores de la película no parecen haberse dado cuenta de este pequeño detalle.

Ahora bien, ciertas películas porno pueden alardear de contar con conversaciones más realistas y extensas, y no es poco decir, para acabar practicando sexo. Porque de eso va en realidad la película. De mentiras, excepto poner los cuernos, poco. Y de gordas, digamos que sólo sale una, y no la calificaría de gorda como alguien puede imaginarse. Pero repito, para qué visionar cine X si el cine comercial nos ofrece un título en que todas las escenas acaban en la cama, o en un trío, o en una oscura trastienda de un local gay...

Si los padres saldrían asustados del cine, imagino que miles de jóvenes saldrían del cine directamente de fiesta, pretendiendo ser tan afortunados como sus ídolos de la pantalla. Que algo parecido podamos encontrar en Ibiza y sitios similares no debe llevarnos a pensar que estamos ante algo verídico. Lo increíble es que hayan vendido la película a Turquía. Probablemente los turistas del próximo verano procedan de Estambul.

PD: grandes farsas españolas sobre realidades desconocidas y estereotipadas para la mayoría podemos encontrarlas a raudales. Además de Mentiras y gordas tenemos el mal ejemplo del mundo del tunning en La Juani, una representación paupérrima de ese ambiente que sólo contenta a quien lo desconoce.


Tiro en la cabeza

Éste es el título de la última película de Jaime Rosales, uno de nuestros cineastas con más futuro, siempre y cuando se disponga a llegar al gran público. En caso contrario será coto cerrado de cinéfilos y críticos de cine. Probablemente os suene el título, pues fue muy controvertida la película. Se exhibió el año pasado tras su paso por el festival de San Sebastián y "narraba" (no se oyen voces) el asesinato de los dos guardias civiles en Capbreton.

De primeras se trata de un film no apto para gente impaciente o para quien pretenda ver algo ameno, pues lo más normal es que a poco sueño que se tenga se acabe uno echando una cabezadita, ya que el no escuchar las conversaciones acaba convirtiéndose en algo tedioso. No obstante, al principio parece ser un buen recurso, innovador y transgresor, pero pierde toda su magia después de un rato. Quizás éste sea el punto que hace que unos hayan alabado la película y otros la hayan odiado desde el primer momento. Yo me quedo en una situación intermedia.

Pero algo que ha hecho Jaime Rosales a la perfección en sus dos últimos trabajos es el rodaje de un atentado terrorista perpretado por ETA. Nunca antes había visto en pantalla algo semejante. Un atentado -bien disparos a quemarropa, bien un bombazo- que aparece de improvisto, que acontece de forma súbita y cuyos efectos quedan bien grabados en la retina del espectador. Sólo un pero: el efecto deseado, espectacular, lo consigue acentuando el silencio momentos antes, resaltando el atentado que de repente envuelve la pantalla. Y esto, que era novedoso en La soledad, aquí deja ya de serlo.

Y en cuanto a la polémica que suscitó al mostrarnos la vida cotidiana de un terrorista -lo que algunos dijeron que era la humanización del etarra-, debo decir que me parece sacada de contexto. Efectivamente lo humaniza, porque es una persona que vive, se mueve y respira igual que todos, pero no por ello deja de representar la tragedia. Incluso, diría yo, la recrudece e hiperboliza con ese silencio perpetuo que anticipa la masacre. Una película valiente pero imposible crear un fenómeno de masas a partir de ella.

Anécdota: el Renault Megane que conducen los terroristas lleva matrícula de Burgos. ¡Vaya por Dios!

Persépolis, un canto a la incomprensión

Persépolis es el título de una de las mejores películas de animación de los últimos años. No se trata de ningún título ñoño de Disney (aunque Disney también ha firmado películas fabulosas) ni una película destinada al público infantil como las del magnífico estudio de Pixar. Se trata de una película francesa, independiente si así queremos decirlo y buen ejemplo del cine de calidad que añoramos a este lado de los Pirineos, que se convirtió en toda una sensación en el 2007, optando al Oscar y al Globo de Oro a la mejor película extranjera.

Persépolis nos presenta una historia muy compleja con la libertad que otorga el hecho de rodarla con dibujos animados. Su tono se contradice por momentos. Al pesimismo que denota su imagen en blanco y negro, así como el devenir de los hechos, se contrapone el optimismo, vitalidad y rebeldía que desprende su protagonista. A través de su vida, los cineastas (uno francés y otra iraní), nos cuentan la triste historia de Irán desde la esperanzadora caída del Sha de Persia hasta la tiranía y la vuelta al pasado que supuso la Revolución Islámica.

La vida de nuestra protagonista, idealista hasta el extremo, se ve plagada de obstáculos allá donde va. Aunque, supuestamente, defiende unos ideales libertarios comunistas, en realidad la película se transforma en acérrima crítica del régimen islámico que ha hecho de Irán un país tercermundista carente de libertades de las que antes disfrutaban sus habitantes. Y nuestra protagonista y su familia anhelan su libertad. Anhelan ser libres para beber, para vestir, para caminar... Es una película realmente profunda que no sólo nos habla de la desgracia sufrida en Irán. Es mucho más, es una oda a la libertad, es la tragedia de la inmigración, es incomprensión, es rebeldía... son ganas de vivir.


Las nuevas promesas del cine español

Mientras en el Festival de Cannes se aclama a nuestros cineastas más consagrados, dígase Amenábar, Almodóvar o Coixet, en los últimos años España ha alumbrado a una generación de jóvenes directores que lo tienen todo para comerse el mundo. Entre estos cabe destacar a Paco Plaza (quien alumbró el éxito de terror [Rec] junto al conocido Jaume Balagueró), Juan Antonio Bayona, Nacho Vigalondo, Juan Carlos Fresnadillo o Santiago Zannou.

Bayona es, quizás, el más conocido de ellos y al que se le presenta un futuro próximo más atractivo. Su salto a la fama, procedente del mundo de los videoclips, lo protagonizó con la multipremiada El orfanato, éxito en nuestra taquilla que atravesó fronteras. Desde ese momento Guillermo del Toro se fijó en él para sus nuevos proyectos y hace poco firmó para Universal Studios como director de Hater, thriller basado en una novela. Además ya se ha puesto manos a la obra con su guionista de El orfanato para realizar una nueva película con el apoyo de Telecinco y su nombre se rumorea para dirigir la saga de Crepúsculo.


Juan Carlos Fresnadillo, nominado al Oscar por su corto Esposados, rodó la inquietante Intacto y eso le sirvió de pasaporte para rodar 28 semanas después, secuela de un film de Danny Boyle (Trainspotting, Slumdog millionaire...) con buenos resultados en taquilla y con la crítica a su favor.

Santiago Zannou, uno de los últimos en llegar, lo hace con 3 goyas para su película bajo el brazo. El truco del manco, historia de superación de un discapacitado físico cuyo sueño es abrirse hueco en la industria de la música (una suerte de Eminem y 8 millas a la española, con mayor trasfondo social), fue una de las triunfadoras en la última gala del cine español. Formado en la Escuela Cinematográfica de Barcelona (al igual que Balagueró) ya está preparando nuevos proyectos.

Pero si Zannou triunfó con su historia de drama social ubicado en un barrio desfavorecido, Nacho Vigalondo tuvo que contentarse con una mera nominación a director novel. No sólo merecía la nominación, sino que debería haber vencido y ser nominado en más categorías. Su obra, Los cronocrímenes, tiene destellos de mucha calidad, reflejo de que tras la cámara hay un gran director en ciernes. El cántabro, familiar de uno de los miembros de Mocedades, firma una película de bajo presupuesto pero de gran factura cinematográfica. Sin embargo, tanto la industria como la Academia del cine español le han dado de lado, dándose la paradoja de que su película se distribuyó antes en las salas extranjeras que en las españolas y que, incluso, se había firmado el contrato para rodar un remake antes de su estreno en España. Una pena que el cine español no siempre sepa cuidar con mimo sus obras de calidad.


Llegan los Oscars

Nuevamente se acerca la gran gala del cine mundial, con sus controversias y rumores. Este año España opta al Oscar a la mejor actriz secundaria, gracias a la cada vez más respetada y reputada Penélope Cruz, quien ha vencido ese mismo premio en los Goya y en los BAFTA. Su gran rival, la inglesa Kate Winslet que se llevó 2 estatuillas en los Globos de Oro, "sólo" optará a mejor actriz principal, y lo hará como la gran favorita, por delante de la estricta monja Meryl Streep, por La Duda.

Este año se presenta con tan sólo un par de películas realmente sobresalientes y, entre ellas, es Slumdog Millionaire la que tiene todas las papeletas para triunfar la noche del domingo al lunes. La bella historia de amor narrada por Danny Boyle ha conseguido despertar a los críticos, además de contar con la complacencia de los espectadores. Desde Trainspotting es lo mejor que ha hecho Danny Boyle. Su principal rival será David Fincher y su cuento sobre Benjamin Button.

David Fincher demuestra ser un director que domina la técnica a pesar de alejarse temáticamente de sus anteriores obras (Seven, The Game, La habitación del pánico...) aunque no logra la comprimir la historia en algo menos de dos horas y media, algo que se habría agradecido. No obstante en el apartado técnico tiene posibilidades de ser una seria alternativa a Batman: El caballero oscuro.

Precisamente ésta última es la gran olvidada, aunque desde hace meses parece tener asignado el premio para el difunto Heath Ledger. Batman sólo competirá por las estatuillas técnicas, pues la Academia no ha sido lo suficientemente valiente como para nominar a su director ni a la película. En parecida situación se encuentra El luchador, donde Mickey Rourke firma el mejor papel de su vida, por lo que apenas existe incertidumbre acerca de quién será galardonado como mejor actor del 2008. Su compañera de reparto, Marisa Tomei, será quien le dispute los honores a nuestra Penélope Cruz. Sin embargo Bruce Springsteen no ha logrado la nominación por su canción, aunque esto creo que se debe a que sólo aparece en los créditos finales y hace un par de años se decidió que estas canciones no pudieran optar.


Y es que acabo de llegar del cine, de ver El luchador, y considero que se trata de una obra de arte ninguneada por los Oscars, pero a la que el tiempo hará justicia. Mickey Rourke se funde con su papel hasta dar la sensación de presenciar un documental, algo a lo que contribuye la cámara en mano por la que opta su director, Darren Aronofsky. La historia huye de frivolidades y fantasmadas, presentándonos un relato descarnado, sin glamour, que espanta a cualquiera que tuviera pensado seguir los derroteros de la lucha libre americana. El retrato del wrestling es el más profundo visto hasta ahora, sin ocultar el drama de los anabolizantes, de las secuelas físicas de tan extremo deporte y, desde luego, las psicológicas. Y todo ello aderezado por la estética rockera de quien añora los 80, añadiendo un puntito épico cada vez que Rourke sube al escenario. Sin duda, una película de leyenda.

Mi quiniela:

  • Película: Slumdog Millionaire
  • Director: Danny Boyle (Slumdog Millionaire)
  • Actor: Mickey Rourke (El luchador)
  • Actriz: Kate Winslet (El lector)
  • Actor sec: Heath Ledger (El caballero oscuro)
  • Actriz sec: Penélope Cruz (Vicky Cristina Barcelona)
  • Film extranjero: Vals con Bashir

El cine de gangsters está de moda

Hace un par de años Martin Scorsese nos volvió a meter el gusanillo por las películas de mafia y gangsters, con su célebre Infiltrados. Una trama compleja, golpes de guión inesperados, un ritmo trepidante y un compendio de actores brillantes sirvieron de aderezo para que el remake de la china Infernal Affairs funcionara a la perfección tanto en taquilla como entre la crítica. Su efecto todavía se palpa hoy en día.




Este año hemos recibido una pequeña avalancha de títulos perteneciente a este género. Tres son películas italianas y otras dos tienen a Guy Ritchie como común denominador. Ritchie, el ex de Madonna, estrenó a finales de 2008 RocknRolla, nuevamente basada en Londres, que recoge la herencia de su aclamada Snatch:cerdos y diamantes. Es en este género en el que el inglés destaca sobremanera, pues no podemos olvidar su debut con Lock&Stock, aunque su experimento del 2005 llamado Revolver falló estrepitosamente. Tanto es así que ha sido este mes cuando ha aterrizado en las salas españolas, con más de 3 años de retraso. Su paranoia, en la que mezcla acción al estilo Ritchie y añade tintes tarantinianos (como los dibujos de cómic a mitad de una escena) se convierte en soporífera a ratos debido, en gran parte, a la permanente voz en off.



Pero también 2008 ha supuesto el año del despegue del cine italiano, al menos el que narra historias truculentas, de mafiosos y villanos, con las exitosas Il Divo y Gomorra y la distribución en los cines españoles de Romanzo Criminale, que también data del 2005. Este incomprensible retraso, pues es un film que simplifica las complejidades de la novela original y entretiene evitando que decaiga el ritmo, ha redondeado el año transalpino fuera de sus fronteras, aunque la suerte le haya sido esquiva entre los jurados de los grandes premios americanos. Las 3 son altamente recomendables para quien le guste el género o para quien sienta interés por la realidad y la historia de Italia.

Crónica de los Goya

La 23ª edición de los Goya fue tan predecible que asusta. Camino, con 6 estatuillas, fue la gran vencedora de la noche, mientras que Los girasoles ciegos, la película que España envió a los Oscar, se llevó sólo un premio de los 15 a los que había sido nominada. Pero ya hubo quien avisó de que era la gran favorita a darse un buen batacazo. También Sólo quiero caminar se marchó casi de vacío (Goya a la mejor fotografía), cosa que ocurrió con el fracaso de José Luis Garci pagado por la Comunidad de Madrid, Sangre de mayo. La otra agradable sorpresa de la noche vino de la mano de El truco del manco, que se alzó con 3 merecidos premios (canción, dirección novel y actor revelación). También 3 Goyas cosechó lo último de Álex de la Iglesia, Los crímenes de Oxford. La segunda parte de Mortadelo y Filemón y Ché, ambas con 2, y El Greco, con uno, cerraron el capítulo de películas españolas galardonadas.


Penélope Cruz fue uno de los focos de atención de la noche, ataviada de forma elegantísima (sólo Belén Rueda pudo, quizás, hacerle sombra en ese aspecto) demostró sus tablas sobre el escenario dando un discurso muy correcto y bien estructurado, con una cadencia perfecta, y permitiéndose reivindicar la actuación de Goya Toledo en Los años desnudos, quien ni siquiera había sido nominada, generando un gran asombro en la aludida y en el resto de asistentes a la gala. Pero Pe no fue la única estrella de Hollywood sentada en las butacas del palacio de congresos del Campo de las Naciones.


Benicio del Toro acaparó todas las miradas de la noche, así como la constante y pesada atención por parte de los organizadores de la gala. Su Goya por su papel del Ché estaba cantado y durante su pésimo discurso puso de relieve la situación del cine español al asegurar que no había visto ninguna de las demás películas nominadas. No sólo demuestra su falta de tacto, ni su descortesía, sino también que los realizadores españoles apenas hacen cine que pueda traspasar fronteras, y lo que no saben o no quieren saber, es que el espectador español prefiere el cine universal al que sólo puede entenderse conociendo muy bien el contexto.


También Javier Fesser acabó siendo reclamado por todos los flashes, pero en su caso se debió a que su película sobre el Opus Dei, Camino, se alzó con los premios a mejor película, director, guión adaptado, actriz principal y revelación, y actor secundario. Fesser abandonó su vis cómica de anteriores títulos para narrar esta historia en la que la joven Nerea Camacho ablanda corazones tan magistralmente como ayer al recibir su premio. Su elegancia natural y su desparpajo presagian que estamos ante una gran actriz en ciernes.


J.M. Montilla, El Langui, líder del grupo de hip-hop La Excepción, era el protagonista de El truco del manco, y subió por partida doble a recibir un Goya, por su canción y su actuación revelación. Sin duda todo un ejemplo de superación, pues padece una muy notoria discapacidad física. En silla de ruedas llegó Jesús Franco, el homenajeado de la ceremonia, por sus múltiples películas realizadas fuera de España durante la dictadura y los ochenta. No obstante no sé si el hecho de ser tan prolífico le hace merecedor del Goya de Honor, pues la calidad de sus films es lo que permite que pueda rodar más que cualquier otro. Sus películas viajaban desde el gore hasta el erotismo, pasando por escenas de serias perversiones sexuales. No sólo en España escandalizaba, sino en otros muchos lugares.

La presentadora fue Carmen Machi, más conocida por su papel de Aída en la serie homónima, y se mantuvo discreta, a dos caballos entre la solemnidad y la comedia, no convenciendo en ninguno de los aspectos. Sus intervenciones se vieron salpicadas por la aparición de José Corbacho y los sketchs de los chicos de Muchachada Nui, que mostraron un nivel más bajo del esperado. Sólo Joaquín Reyes, el inventor del programa friki-cómico, puso el punto gracioso al salir disfrazo de uno de los 4 Fantásticos.


Entre las ausencias notorias destacaron la del mexicano Diego Luna, la del director chileno Andrés Wood cuya película fue galardonada como la mejor hispanoamericana, así como Antonio Banderas, que apoyó el proyecto de El Lince perdido (mejor película de animación), y de Javier Bardem, quien sigue perpetuando su fama de alérgico a las cámaras fotográficas y no acompañó a su novia, Penélope, ni a su madre durante la gala. Sin embargo también hubo una serie de personalidades cuya presencia carece de sentido. Me refiero al Ministro de Sanidad Bernat Soria y al presidente de Castilla-La Mancha, Barreda. Que alguien me explique a qué debemos su asistencia.

Y como cosas curiosas para poner punto y final a esta crónica, hay que resaltar el Goya que Javier Gutiérrez partió en dos; que la presentadora confundió la nueva película de Sean Penn, La vida de Harvey Milk con la vida del actor Harvey Keitel; que a Santiago Segura le traicionó el subconsciente y en vez de hablarnos de cine en crisis lo hizo de dinero en crisis; que la Presidenta de la Academia de Cine se quedó con la palabra en la boca cuando un compañero suyo concedió el último premio de la noche; que Maribel Verdú llegó con un poco de retraso, fue asustada por un zombi (durante una semirecreación del film [REC]) y lloró a moco tendido tras el vídeo de aquellos que habían muerto durante el último año; que Corbacho siguió en su línea de excentricidad con 2 trajes azules indescriptibles y posiblemente confundiendo a Benicio con Guillermo del Toro; que Nacho Vigalondo, injustamente tratado sin el Goya que merecía a director novel, presentó el cortometraje de ficción en vez de documental como correspondía; que el padre africano del director Santiago Zannou (El truco del manco) se convirtió en objetivo de las cámaras; que Antxón Gómez (director artístico de Ché) se destapó con un discurso muy bien narrado; que el realizador de la gala se deleitaba con las caras con que pillaba a Álex de la Iglesia absorto en el devenir de la ceremonia; que obviamente Batman no se llevó el premio a película europea por su ausencia de compromiso social; y que indudablemente se trataba de un falso directo.

W


W es el título del biopic (película biográfica) sobre el Presidente saliente de EEUU, George W. Bush, que ayer mismo emitió La 2 en prime time como colofón a la cobertura de la investidura de Barack Obama. Aunque el film me decepcionó sobremanera debo agradecer que una cadena generalista apueste de esta manera por el cine, pues no en vano se trata de un título estrenado a mediados de octubre en EEUU y que aún no ha llegado a las salas españolas.

No obstante no pensemos que es un privilegio del que sólo gozamos en España, pues Austria, Italia y Alemania también tenían programada su emisión estos días. Sólo recuerdo un caso similar en España y fue con motivo de las anteriores elecciones presidenciales americanas cuando Canal+ proyectó el último documental de Michael Moore, Farenheit 9/11, que apenas llevaba una semana en cartelera. Está claro que los comicios estadounidenses dan mucho juego a las cadenas de televisión.

Dejando un poco de lado la considerable labor de la La 2 en la promoción de cine no tan comercial (no olvidemos su espacio semanal dedicado al cine español en "Versión española") y adentrándonos en la película, quería resaltar el sopor que supuso la misma, a lo que ayudan los intervalos de publicidad, mientras Oliver Stone nos presentaba a un texano sin modales, borracho, medio bobo que llegó al poder absoluto. Realmente sólo da pinceladas de algunos de sus episodios más sonados sin profundizar en su ascenso político, lo cual deja coja la historia.

Stone, ése amigo de Santiago Segura que se dedica a realizar documentales venerando la figura de Fidel Castro o Hugo Chávez y cuya presencia acaba de ser declarada no grata en Argentina a raíz de unas declaraciones suyas en las que dedicaba un par de lindezas a la figura de Eva Perón, trata de presentarnos al Bush patán que él tiene en la imaginación a lo largo de 120 interminables minutos. Stone, erigido en el principal cineasta de cine político americano, no da la sensación de que sea capaz de rodar nuevamente con el atinado pulso de JFK, su más insigne obra. W no es más que una caricatura al lado de JFK, algo que por otra parte busca con las conversaciones entre el Presidente y sus asesores mientras preparan el ataque a Irak. En definitiva un film que sólo complacerá a aquellos que quieran ver eso, sin un ápice de veracidad y crítica lógica, mostrando todo con tal simpleza que hasta Oliver Stone podría llegar a la Casa Blanca.

Los Globos de Oro premian a Kate Winslet y Slumdog Millionaire

El primer gran acontecimiento del año para los cinéfilos ha tenido lugar esta misma noche con la ceremonia de entrega de los prestigiosos Globos de Oro, antesala y rivales de los Oscars. Nuestra parejita de moda, la formada por Bardem y Penélope Cruz, estaban nominados por sus interpretaciones en Vicky Cristina Barcelona, pero ambos se fueron con las manos vacías. En el caso de Penélope, el premio recayó en la poco conocida Sally Hawkins, por Happy-go-lucky. Bardem vio cómo sus opciones se esfumaban gracias al gracioso papel del irlandés Colin Farrell en En Brujas.

Pero la noche tuvo varios nombres propios. En primer lugar Kate Winslet, quien ya iba mereciendo que su buen trabajo fuera reconocido, y los críticos decidieron concedérselo por partida doble por sus papeles en Revolutionary Road (otra vez junto a Di Caprio y dirigida por su marido Sam Mendes), como actriz principal, y The Reader, de tal modo que eclipsó a su más dura competidora, la veterana Meryl Streep, que también contaba con 2 nominaciones.

El film que se llevó todos los aplausos fue la nueva obra de Danny Boyle Slumdog Millionaire, de quien siempre se espera mucho tras su magnífica Trainspotting pero que llevaba unos años sin destacar. Su cinta independiente se ha alzado con los premios a mejor película, mejor director, mejor guión y mejor puesta en escena, catapultándola a los Oscars. Pero el resurgir del inglés coincide con el renacer de otro polémico actor, Mickey Rourke, que se reencuentra con lo mejor de sí mismo como protagonista de The Wrestler, que también ha triunfado en el apartado de mejor canción gracias a la letra y voz de Bruce Springsteen.

Del resto hay que destacar el esperado premio a mejor actor secundario que ha recaído en el difunto Heath Ledger, único premio obtenido por Batman: El caballero oscuro. Woody Allen también ha logrado que su film venciera en la categoría de comedias o musicales, así como Wall-E se ha impuesto entre las de animación, y la israelí Vals im Bashir ha derrotado a la italiana Gomorra en la disputa del premio a la mejor película de habla no inglesa. Aparte, entre las series de televisión ha triunfado 30 Rock, y la miniserie John Adams

Tópicos españoles según Woody Allen


Parece que al cineasta neoyorkino Woody Allen no le enseñaron la esencia asturiana cuando acudió a recoger su Premio Príncipe de Asturias, ni notó diferencia alguna al tocar en el Festival Internacional de Jazz de Vitoria con el resto de España, y de ahí que todos los tópicos españoles que un desinteresado extranjero puede tener en mente queden vastamente reflejados en una película como la que nos ocupa: Vicky Cristina Barcelona.

Ni la presencia de Penélope Cruz ni de Javier Bardem, así como un plantel técnico de mayoría española, parecen haber servido para que Woody Allen retocara su guión de modo que fuera más acorde a la realidad de las regiones visitadas en el film: Asturias y Cataluña. Y digo esto porque en el Principado Bardem y Rebeca Hall deciden degustar un buen vino y escuchar un recital de guitarra española, cuando habría quedado mucho más apropiado escanciar una buena sidra y sentir los especiales sonidos de la gaita.

En cierto modo me da la sensación de que Allen se ha dejado guiar bastante por el cine de Almodóvar, incurriendo en clichés y desvirtuando este film de propaganda barcelonesa, pues no en vano su rodaje en la capital catalana se debe a los 2 millones de euros aportados por instituciones públicas catalanas. El último trabajo de Woody no está mal, sigue su línea de enredos amorosos prácticamente inverosímiles, y lo complementa unas acertadas interpretaciones, destacando el papel secundario de nuestra Penélope, realmente desquiciante, y que apunta al Oscar. Bardem y Hall también se muestran correctos, lo que les ha valido una nominación a los Globos de Oro aunque, particularmente, no encuentro tan sublime a Javier Bardem como para merecer esta distinción.

En definitiva, se trata de un largometraje con la firma de Woody Allen y pinceladas almodovarianas, que fuera de nuestras fronteras está siendo admirada por el público pero que para quien conozca nuestra tierra y la idiosincrasia española no creo que se se sienta partícipe del entorno reflejado en la pantalla.

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