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Mentiras y gordas: el bodrio de la Ministra

Mentiras y gordas, título de uno de los mayores éxitos de taquilla en España. Inversamente proporcional a sus ingresos en los cines españoles es su calidad artística. Y ya no hablemos de su guión. Lo peor es quien lo firma: Ángeles González-Sinde, a la sazón ministra de Cultura. Al menos espero que de su boca no salga la típica frase de que han intentado reflejar la juventud española, pues hacía tiempo que no veía algo tan desligado de la realidad. Incluso apuntaría que nuestra ministra ha firmado su primer guión surrealista. Espero que las medidas políticas que adopte no vayan en esa misma línea.

Sexo y drogas, sin rock and roll, es el argumento de la película, aderezado con un poquito de música house y homosexualidad, la cual supera su famoso porcentaje del 10% Imagino a padres despistados con hijos adolescentes que tras ver el bodrio y ultraexagerado film ya estarán preparando bunkers en los cuales mantener a salvo a sus hijos. Porque lo que presenta la película asusta un rato, y la realidad no es así. Aunque sólo sea porque en medio de una discoteca no hay quien hable, y menos que sus voces se oigan por encima de la música.

Decenas y decenas de escenas no son realistas. He aquí unos ejemplos: en una discoteca donde todo el mundo vaya metido hasta las cejas, sobre todo pastillas, es el peor lugar imaginable para intentar entablar una conversación. Y además nadie está quieto o bailando estilo reagge como si estuviera fumado. Son pastillas, no porros. Los guionistas y directores de la película no parecen haberse dado cuenta de este pequeño detalle.

Ahora bien, ciertas películas porno pueden alardear de contar con conversaciones más realistas y extensas, y no es poco decir, para acabar practicando sexo. Porque de eso va en realidad la película. De mentiras, excepto poner los cuernos, poco. Y de gordas, digamos que sólo sale una, y no la calificaría de gorda como alguien puede imaginarse. Pero repito, para qué visionar cine X si el cine comercial nos ofrece un título en que todas las escenas acaban en la cama, o en un trío, o en una oscura trastienda de un local gay...

Si los padres saldrían asustados del cine, imagino que miles de jóvenes saldrían del cine directamente de fiesta, pretendiendo ser tan afortunados como sus ídolos de la pantalla. Que algo parecido podamos encontrar en Ibiza y sitios similares no debe llevarnos a pensar que estamos ante algo verídico. Lo increíble es que hayan vendido la película a Turquía. Probablemente los turistas del próximo verano procedan de Estambul.

PD: grandes farsas españolas sobre realidades desconocidas y estereotipadas para la mayoría podemos encontrarlas a raudales. Además de Mentiras y gordas tenemos el mal ejemplo del mundo del tunning en La Juani, una representación paupérrima de ese ambiente que sólo contenta a quien lo desconoce.


1 comentarios

Benito García dijo...

Es un excelente ejemplo de cómo está el panorama celtibérico cinematográfico, su padre era mucho mejor director, claro que también eran otros tiempos, ¿serían tiempos más honestos?