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Madrid, patas arriba

Las entrañas de Madrid están al aire libre día tras día, a la vista de cualquier peatón o turista que de esta forma podrá contemplar lo más feo de esta bulliciosa y castiza ciudad. Algo similar ocurre a nivel político, donde compañeros de partido se zurran, yendo y viniendo los golpes desde el Ayuntamiento a la Comunidad y viceversa. Una vez más se reabren las heridas.

Aguirre y Gallardón son dos estupendos políticos y ambos son uno de los principales activos del Partido Popular. Sin embargo, cada uno representa una vertiente diferente con cabida en el mismo partido. El orgullo de ambos y sus ansias por abandonar la política local o regional en busca de un liderazgo nacional les ha sumido en una absurda lucha de poder que no dudan en escenificar tan pronto como tienen posibilidad. Y Caja Madrid les parece un buen pretexto.

Lo último han sido las declaraciones del hombre de confianza de Gallardón, a la sazón vicealcalde de Madrid, que acusa a Esperanza Aguirre sin cortarse un pelo. Nuevamente se vale del periódico de PRISA para comunicar su enfado, algo ya habitual y casi preceptivo del alcalde madrileño y su séquito. Las razones que aduce Cobo son vanas, rallando lo estúpido, con el único objetivo de dañar a Esperanza Aguirre y tensar, más aún, la situación de Caja Madrid.

Rápidamente se ha pedido la intervención del partido a través del Comité de Derechos y Garantías para tratar de solucionar el problema y evitar que la sangre llegue al río en un momento bastante delicado para el PP y su líder. Quizás esto haya sido tenido en cuenta por el vicealcalde, probablemente resentido al haber rivalizado con Aguirre por la presidencia del PP madrileño. Por mucho que Génova se moje, que no lo hará, nada tiene pinta de cambiar mientras ambos barones -o barón y baronesa- se mantenga en sus puestos, con los medios de comunicación dispuestos a publicar el más mínimo roce.

Ahora bien, empieza a cansar el exagerado uso que Gallardón hace de los medios, siendo casi siempre medios afines al PSOE donde el PP tiene muy poco que rasgar. Otro ejemplo más de lo mal político de partido que es Gallardón, que lleva lustros pensando única y exclusivamente en sí mismo. Podía haber sido un político realmente brillante, pero cada día me decepciona más.

Se cargaron al tipo con futuro

Ricardo Costa pasaba por ser el futuro del Partido Popular en la Comunidad Valenciana y nos lo han arrebatado. Un escándalo que surgió en Madrid y que salpicó a su jefe, al final se lo ha comido enterito siendo linchado públicamente, pareciendo tan culpable como el tipo que orquestó todo, Correa. Resumiendo, su carrera ha hecho aguas, pero quizás no todo sea presunta corrupción.

Costa no era un tipo más del Gobierno valenciano. Era el número dos y, sobre todo, mano derecha de Francisco Camps. Era su amigo y confidente, su apoyo y valedor, y también el tipo que le sacaba las castañas del fuego sin rechistar. Incluso me cuenta que dos de los grandes logros de la comunidad levantina, atribuidos a Camps, son obra de Ricardo Costa. Me refiero a la America's Cup y al Gran Premio de Europa de Fórmula 1. Dos éxitos sin precedentes en la capital del Turia que pueden haberse quedado huérfanos.

Ahora bien, Costa no era un mero escudero, sino uno de los personajes más influyentes en la política levantina. Su reputación era fabulosa y su imagen muy buena. Se le auguraba un futuro prometedor, tanto en política regional como nacional. Sus relaciones con Génova, hasta ahora, eran buenas, y mucho mejores con su amigo Camps, de modo que gozaba de muchos promotores llegado el momento. Sin embargo, alguien lo vio, e intuyó que lo mejor era cortar por lo sano, impidiendo que otro buen gestor -acreditado gestor- pudiera llegar aún más lejos.

Y claro, conociendo las escuchas, la información privilegiada de que disponen ciertos medios de comunicación afines al Gobierno, y la falta de resolución judicial para algo que la prensa y el PSOE ven tan claro, empiezo a sospechar que alguna mente hábil contraria al PP ha urdido la estrategia. El objetivo, en un principio, podía ser Camps, pero la lealtad y visión política de Ricardo Costa ha hecho que haya sido él la víctima de todo esto y, así, salir como un héroe.

Un héroe porque ha puesto en un brete a Rajoy y su gente, salvando al presidente valenciano de la patata caliente. De ese modo es Génova quien se arriesga a creer las interesadas informaciones aparecidas en prensa y actuar conforme a ellas, con el consiguiente desgaste que conllevaría una sentencia favorable a Ricardo Costa, algo no tan descabellado. Y Camps respira, sin su número dos, pero con cabeza de turco voluntaria que le salva del descalabro.

Adiós a un estilo único

Su voz inconfundible. Su estilo particular. Su imagen anacrónica. Así era el Andrés Montes que conocimos los telespectadores. Primero en Canal+, donde creo escuela en sus fantásticas retransmisiones de la NBA, en las que lograba fundir el espectáculo de la liga americana con sus acertados e hilarantes comentarios. Después en La Sexta, convirtiéndose en el comentarista deportivo más reconocible de España, con permiso de Antonio Lobato.

Su gracia era su arte. Era distinto, y él lo achacaba al hecho de haberlo sido desde siempre, desde que cuando era pequeño era el único chico de color del colegio. Eso, y su especial forma de ser, le convirtieron en un periodista deportivo atípico. Alejado de la tendencia actual de saber el que más, Andrés Montes optó por retransmitir, ya fuese baloncesto o fútbol, con un toque diferente que le hiciera reconocible. Y creó escuela.

A pesar de que la mitad de las veces no se enteraba de quién conducía la pelota, lo que se evidenciaba mientras repetía durante segundos "ahí va con la pelota.... con la pelota... la sube". No obstante, o quizás por ello, escucharle te deparaba un rato de entretenimiento. Sus mano a mano con Salinas o Iturriaga son ya celebérrimos, así como sus innumerables motes. En su haber queda el haber narrado la época dorada del baloncesto español.

Ya en el recuerdo, o en la historia, esos Tiburón Puyol, Mister Catering, Espartaco, Ricky Business, los pinchos de merluza o Wilma!!... Gustaba o era detestado, pero a nadie dejaba indiferente. En cualquier caso, España le tenía aprecio y cariño. Inolvidables sus gafas redondas y sus pajaritas imposibles. Éste es mi sentido recuerdo a Andrés Montes.

Curioso 12 de octubre


El Día de la Hispanidad, el día de nuestra Fiesta Nacional, acogió un nuevo desfile de las Fuerzas Armadas. Tan espectacular como siempre. Lo curioso no fue eso, que no tiene nada de extraordinario, ni que el Rey acudiera sin su barba veraniega. A mí me llamaron la atención otros tres hechos: el abucheo a Zapatero, la participación del Gobierno vasco y el bombo que recibió el acto en TVE. Empecemos un viaje.

Comenzamos en Madrid; Palacio de la Moncloa.Que un Presidente sea abucheado de tal modo el día de la fiesta de su país pasará a la Historia. Pocos colegas suyos podrán presumir de tan dudoso honor. El pueblo ya sabe -por fin- hacia dónde encaminar sus iras y ayer lo expresó. Eran muchos y decidieron alzar la voz rogándole a Zapatero una marcha digna que impida hundir aún más al país. Probablemente no se consiga, pero el gesto ahí queda. Y esta gente que tanto vive de gestos debería tomar nota. A Zapatero no le van muy bien las cosas últimamente -foto bochornosa, país sumido en una crisis inacabable, encuestas que favorecen al PP...- aunque difícil será que los cánticos de ayer supongan la puntilla.

De Moncloa a Ajuriaenea, porque por primera vez hay representación del Gobierno vasco en el desfile de las Fuerzas Armadas. Ya decía que algo estaba cambiando en Euskadi y día tras día se va confirmando. La normalidad parece llegar a esas preciosas tierras. Prueba de ello es que sus políticos y sus decisiones insolidarias han desaparecido de los periódicos. Incluso, a veces, se echan de menos estas tropelías vascas que nos enervaban. Aunque mucho mejor que todo siga así.

Y de Ajuriaenea a Torrespaña, porque TVE se involucró como no recuerdo en la retransmisión del desfile y de todos sus entresijos. Pero fueron más allá y dedicaron su informativo de sobremesa al Ejército, a publicitarlo y narrarnos todas sus bondades. Claro ejercicio propagandístico orquestado desde Moncloa (mira, ya hemos vuelto) para lavar su imagen y demostrarnos lo comprometidos que están con nuestros soldados, esos que acuden con menos medios de los que dicta la razón como lógicos, esos que como gotas de un gotero van sumándose como víctimas en Afganistán. No obstante, gracias a este telediario pude apreciar cómo Zapatero se salta el protocolo según le viene. En vez de inclinar la cabeza ostensiblemente ante el Rey y el Príncipe, como sí hizo Mariano Rajoy, sólo humilló ante la Reina. Ahora bien, si la Casa Real -por su ideología o por lo que sea- le ríen las gracias, allá ellos.

El Nobel del pitorreo

Sigo sin salir de mi asombro aunque, en cierto modo, no tiene nada de sorprendente la designación del nuevo Premio Nobel de la Paz. Se ve que ser demócrata americano te hace ganar muchos puntos de cara a obtener el galardón, pues apenas unos años después de llevárselo Al Gore -con dudosos méritos también- ahora recae en el nuevo santo y seña de los demócratas, Barack Obama.

Con este dulce podrá pasar mejor el mal trago del fiasco de Chicago 2016. Lo que me confirma su nominación como nuevo Nobel de la Paz es que estos prestigiosos premios están perdiendo el norte en la categoría más ambigua de todas, la de la paz. Será que reconocer la labor de misioneros y de gente que lo abandona todo por dedicar su vida a los demás ha pasado de moda y lo que se lleva desde la caída del telón de acero es lograr un mayor eco otorgándoselo a famosos políticos.

Porque ya me dirán qué ha hecho Obama para ser merecedor de ello en apenas unos meses. No han sido más que simples pinceladas y todas muy lógicas. Que si hay que acabar con la vergüenza de Guantánamo, que si hay que buscar una salida a Cuba, que si hay que optar por abandonar la energía nuclear como arma contra la humanidad... En resumen, todo de cajón. Quizás la culpa sea de Bush y de su cabezonería, que se lo ha dejado en bandeja al primero que ha pasado por ahí. De todas formas, y que me perdonen, no me parece suficiente. ¿Acaso lo merece más que Vicente Ferrer, por poner un mero ejemplo?

PP en problemas. Berlusconi también.

Mal pintan las cosas para el centro-derecha español y la derecha italiana. No hay paralelismo que valga, más allá de las complicaciones que tendrán que afrontar en las mismas fechas. El caso italiano es el que menos me importa -como español- ya que era algo que tenía que llegar tarde o temprano. Tanto ha ido el cántaro de Berlusconi a la fuente, que al final se ha descascarillado. Porque aún no podemos decir que se haya roto.

Su relación con la Justicia procede de los años noventa, habiendo sido acusado en dos procesos y nombrado corresponsable de un caso de corrupción. Todo ello lo tapó gracias a la ley "Lodo Alfano" que es la que ahora acaba de ser rechazada por el Tribunal Constitucional italiano. De modo que las próximas horas pueden ser vitales en su próspera carrera política. La dimisión está en el aire, lo que acarrearía unas nuevas generales menos de dos años después de las últimas. No obstante, la norma en Italia es que no se termine la legislatura. Así que no hay que sorprenderse. Y menos porque corrupción y política vayan de la mano.

Algo similar tenemos en España. Y desde hace muchos años. Poco a poco nos asemejamos a nuestros rivales del Mediterráneo. A los míticos y bochornosos casos del PSOE de Felipe González, hay que añadir todos los de corrupción urbanística que han aflorado por toda la geografía española, en especial, por la costa. Ahora nos llega el caso Gürtel que, después de bastante tiempo, parece tener visos de llegar más allá de donde los dirigentes populares pensaron que podría llegar.

No estalla la trama de Correa, porque la mecha ya lleva encendida meses. Sólo que ahora se aprecia su dimensión y es más fácil -teniendo en cuenta la complejidad de ello- discernir hasta dónde estaba involucrado cada uno de los protagonistas. No obstante, seguiremos encontrándonos con mucha paja, con informaciones interesadas e intentos de dañar al máximo posible. En nuestras manos estará el discernir. De primeras, Mariano Rajoy debe tomar cartas en el asunto. Probablemente nunca pensó que esto fuera a dar tanto de sí, pero una vez que es un hecho, toca pasar a la acción. Tampoco será tan duro pues, al fin y al cabo, no parece que pueda afectar a los varones del partido. Aun así, todos son prescindibles.

Por cierto, a colación de todo esto de discernir informaciones, El País ha publicado por cuarta vez la supuesta relación del PP de Castilla y León en el caso Gürtel. Todo falso, y para ello, ya en abril, el PP de esta región facilitó a todos los grupos parlamentarios el acceso a la información correspondiente a las supuestas concesiones ilegales. Nadie pió, pero El País sigue en su particular guerra. Otro día hablaré de ese espeluznante caso de chivatazo para que un etarra pudiera escapar, que de eso casi no hablan en la izquierda.

Rajoy a salvar Garoña

Mañana martes aterrizará Mariano Rajoy en Santa María de Garoña, en una última intentona por evitar su caprichoso y perjudicial cierre. Probablemente su presencia sirva para poco más que mostrar su cercanía y comprensión a los habitantes de la zona, pero sólo eso estará a años luz de lo mostrado por parte del PSOE y del resto de la izquierda de este país.

Se habló un montón de plan alternativo para la zona. Se intentó vender la moto -nadie se lo creyó- de que el Estado se iba a poner las pilas para acordarse de la comarca de Garoña y lograr reconvertir la zona. Vamos, que parecía que los físicos e ingenieros de Garoña no iban a tener que moverse de allí con un puesto de trabajo acorde a sus conocimientos. De todo esto, mera utopía socialista, no se ha visto nada en estos meses. Por eso viene Rajoy. Para acompañar lo que se pueda a esta gente que ve el futuro muy negro.

Porque para entonces puede que hayamos salido de la crisis, o no, y no habrá central nuclear ni industria alternativa. Ni eso ni la ocupación hotelera a la que estaban acostumbrados en la zona. Sin esa panacea de plan alternativo para las Merindades, y otras poblaciones que dependen de Garoña, se irán a la porra. Sin industria, sin comercio, sin gente, sin dinero, sin futuro, sin nada. Pero al PSOE, el partido de los obreros, de las personas, el partido social por antonomasia -¡ja!- todo le da igual con tal de sacar adelante su guerra contra la energía más eficiente hoy por hoy. Como siempre, ideas por encima de personas. Qué triste.

Fin de la incertidumbre


Como fan incondicional de Fernando Alonso deseaba que llegase este momento, el de la confirmación de su dilatado fichaje por Ferrari, y poder escribir sobre ello. Toda España y toda Italia se encuentran en efervescencia en estos instantes, un día después de que Ferrari anunciara públicamente la contratación. Sólo faltaba ese burocrático trámite para dar por concluido el numerito, pues desde hacía días ya se sabían con exactitud los términos del contrato: 3 años + 2 años + un sexto año opcional, a razón de unos 22,5 millones de euros por temporada.

Alonso, piloto querido en Italia donde comenzó su carrera gracias al karting, será la pieza clave para que Ferrari recupere su esplendor. Se le comparará con Schumacher (no sólo porque ambos hayan sido descubiertos por el ahora denostado Flavio Briatore, sino porque ambos ganaron con Renault o Benneton, según el caso, dos títulos mundiales antes de llegar a la Scuderia) y se han dado pasos en la dirección que encumbró al kaiser. Alonso llegará con algunos mecánicos e ingenieros de la mano, procedentes de Renault, McLaren y Red Bull. Cuanto más arropado esté nuestro campeón, más a gusto se sentirá.

Y es que nadie discute su calidad. Él y Hamilton son, con diferencia, los dos mejores pilotos actuales (con Sebastian Vettel llamando a las puertas), teniendo Fernando el honor de haber desbancado a Schumacher. En Italia se le anhela, sobre todo por su competitividad en carrera, su capacidad para mantener el ritmo, su destreza con los adelantamientos y su fenomenal visión de carrera. En definitiva, el mejor piloto sobre el asfalto. Sólo hay una cosa que tiene en vilo a los periodistas italianos, y es referente a la relación que puedan tener Alonso y Massa -quienes ya han pasado capítulos de enfrentamiento abierto- y la necesidad del español de sentir todo el equipo trabajando para él.

Esto fue lo que, precisamente, dio al traste con la etapa de McLaren, que podría haber sido preciosa. No en vano, a pesar de los malos rollos internos, del robo de Hungría... se quedó a un exiguo punto de coronarse tricampeón. Un Mundial que le robaron. Ahora, yo que nunca he sido ferrarista, me tocará concienciarme para convertirme en un tifoso, ya no sólo de Alonso, sino también del Cavallino rampante.