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Berlusconi, el terremoto y sus palabras

Berlusconi es querido por una buena parte de los italianos y envidiado por muchos más. Es más, muchos vinculan su éxito político a que los italianos ven en él un perfecto ejemplo al que imitar, viniendo de la nada y llegando a ser un hombre rico y poderoso poniendo a su merced a todo un país que es una potencia europea. Y además Silvio se gusta y fanfarronea. Es consciente de que sus orígenes humildes evitan que los transalpinos lo detesten y él explota la faceta campechana todo lo que puede.

La tragedia del terremoto de L'Aquila viene al pelo para explicar su personalidad socarrona, pues desde entonces se han sucedido los comentarios políticamente incorrectos y poco afortunados del Presidente italiano. Desde su cómodo punto de vista, el que otorga sus miles de millones, no dudó en tratar de quitar hierro a la catástrofe y al realojo de cientos de familias en improvisados campamentos sugiriendo que consistiría en una especie de fin de semana de camping. Obviamente él no tenía pensado acampar ahí, encender un fuego y contar historias y cantar canciones populares a la luz de la luna.

Después de frivolizar con sus "nuevas" moradas, sugirió a los damnificados que comprasen el mobiliario de sus casas en IKEA. Nuevamente sus consejos de padre, que probablemente los diga sin ninguna maldad, le devuelven al centro de la polémica, aunque los suecos de IKEA ya se estén frotando las manos, más ahora en tiempos de crisis.

Pero Berlusconi, a quien un artista ha retratado hace poco cual ángel desnudo junto a su supuesta amante, la ministra Mara Carfagna, también ha visto en L'Aquila la ubicación perfecta para acoger al G8. Argumenta que al celebrarse en el epicentro del terremoto nadie tendrá la desvergüenza de acudir para sabotear la reunión y causar disturbios en una zona golpeada por la tragedia. Desde luego el humor negro de Berlusconi es único en el panorama político y, aunque irrespetuoso e imprudente, no hace daño a nadie que no desee malinterpretarlo. Quizás sólo un tipo así podría surgir en un lugar como Italia.

3 comentarios

Andrés Álvarez Fernández dijo...

Muy italiano...

Fernando dijo...

Ramón, bienvenido a casa.

A mí Berlusconi me parece un tío detestable, tendrá gracia en las cosas que hace o dice pero yo lo detesto: me gustan los políticos aburridos, tipo Merkel o los ingleses, odio este tipo de folklores.

Y, sin embargo, no conviene engañarse: la política española está exactamente al mismo nivel de compadreo que Berlusconi y sus amigos. Cosas como la OPA de Endesa o el actual mercadeo sobre la financiación autonómica serían perfectamente encajables en la Italia de Berlusconi, pero no en Alemania, en Suecia, en Reino Unido, esos países de políticos tan aburridos.

Qué lástima.

Geshcann dijo...

Tu ultima frase lo resume y explica todo. A Berlusconi muchas veces no le entendemos y es que, a pesar de que se diga y sea cierto que españoles e italianos somos muy parecidos, no somos iguales, y los italianos ven en Berlusconi al italiano medio, con sus defectos y con sus virtudes, aunque eso sí, es único levantando pasiones en Italia...

Saludos¡¡¡