El Nobel del pitorreo
Sigo sin salir de mi asombro aunque, en cierto modo, no tiene nada de sorprendente la designación del nuevo Premio Nobel de la Paz. Se ve que ser demócrata americano te hace ganar muchos puntos de cara a obtener el galardón, pues apenas unos años después de llevárselo Al Gore -con dudosos méritos también- ahora recae en el nuevo santo y seña de los demócratas, Barack Obama.
Con este dulce podrá pasar mejor el mal trago del fiasco de Chicago 2016. Lo que me confirma su nominación como nuevo Nobel de la Paz es que estos prestigiosos premios están perdiendo el norte en la categoría más ambigua de todas, la de la paz. Será que reconocer la labor de misioneros y de gente que lo abandona todo por dedicar su vida a los demás ha pasado de moda y lo que se lleva desde la caída del telón de acero es lograr un mayor eco otorgándoselo a famosos políticos.
Porque ya me dirán qué ha hecho Obama para ser merecedor de ello en apenas unos meses. No han sido más que simples pinceladas y todas muy lógicas. Que si hay que acabar con la vergüenza de Guantánamo, que si hay que buscar una salida a Cuba, que si hay que optar por abandonar la energía nuclear como arma contra la humanidad... En resumen, todo de cajón. Quizás la culpa sea de Bush y de su cabezonería, que se lo ha dejado en bandeja al primero que ha pasado por ahí. De todas formas, y que me perdonen, no me parece suficiente. ¿Acaso lo merece más que Vicente Ferrer, por poner un mero ejemplo?
Con este dulce podrá pasar mejor el mal trago del fiasco de Chicago 2016. Lo que me confirma su nominación como nuevo Nobel de la Paz es que estos prestigiosos premios están perdiendo el norte en la categoría más ambigua de todas, la de la paz. Será que reconocer la labor de misioneros y de gente que lo abandona todo por dedicar su vida a los demás ha pasado de moda y lo que se lleva desde la caída del telón de acero es lograr un mayor eco otorgándoselo a famosos políticos.
Porque ya me dirán qué ha hecho Obama para ser merecedor de ello en apenas unos meses. No han sido más que simples pinceladas y todas muy lógicas. Que si hay que acabar con la vergüenza de Guantánamo, que si hay que buscar una salida a Cuba, que si hay que optar por abandonar la energía nuclear como arma contra la humanidad... En resumen, todo de cajón. Quizás la culpa sea de Bush y de su cabezonería, que se lo ha dejado en bandeja al primero que ha pasado por ahí. De todas formas, y que me perdonen, no me parece suficiente. ¿Acaso lo merece más que Vicente Ferrer, por poner un mero ejemplo?

