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Los bares están que echan humo

Pero humo de tabaco será por poco tiempo, y es ése el problema del malestar de los hosteleros, principalmente de aquellos que hicieron las reformas que se les exigía por ley y que ahora viven en la incertidumbre de si podrán recuperar esa inversión de hace menos de dos años. Algo, la intuición basada en las actuaciones del Gobierno socialista, me indica que lo tienen crudo, pero todo es cuestión de hacer ruido, presionar, llamar a los medios y cualquier otra cosa del género que se les ocurra y ya tendrán al Gobierno a sus pies. Y sin tener que llegar a apostar un par de piratas a las puertas de cada cafetería.

No sólo se quejarán éstos, que tienen toda la razón, sino aquellos que buscaron los resquicios legales para evitar acometer las obras pertinentes (es decir, alegando que los metros cuadrados a contabilizar son sólo aquellos por donde pasan los clientes, excluyendo barras, mobiliario, escaleras...) y que ahora asisten con horror a la posible reducción de beneficios, sobre todo si hablamos de bares de copas. Y es que éstos lo tienen crudo, pues la típica estampa de cigarrillo en una mano y copa en la otra va a caer en el ostracismo de una ¿época mejor?

Para los fumadores sin duda sí, pero otro gallo canta cuando se pregunta a los otros fumadores, los pasivos. Yo entre ellos. Gracias a una controvertida ley vamos a poder llegar a casa sin el olor de tabaco impregnado en nuestras ropas y con nuestros pulmones un poco más limpios. Incluso los bares no estarán tan llenos y se podrá deambular por ellos con mayor libertad, lo cual no deja de ser muy contraproducente para los hosteleros. Eso sí, ya no habrá que estar pendiente del tonto del cigarrillo que según pasa te quema la mano o te deja marcada tu mejor cazadora. Si el Ejecutivo sigue en sus trece tendrá tantos defensores como contrarios a esta norma, pero habrán dado un paso más en la americanización de la problemática del tabaco, pues no en vano en EEUU existen lugares donde ni siquiera se puede pitillear en la calle. Eso sí, Kyoto es otro cantar.

3 comentarios

Fernando dijo...

Hola, Ramón, siento no estar de acuerdo contigo. Yo, que no sólo no soy liberal sino que soy anti-liberal, no puedo soportar que el gobierno nos diga si podemos fumar o no, si podemos beber o no, si podemos conducir rápido o no, si podemos comer grasas o no. El tabaco -y yo no fumo, gracias a Dios- se cura con la debida educación, explicando a la gente joven sus peligros. A partir de ahí, si a mí -hostelero- me da la gana poner un bareto para fumadores y a mí -consumidor- me da la gana entrar en él, la señora Trinidá no es quién para decirme si eso está bien o mal.

Insisto, soy anti-liberal, no como tus blogamigos, pero no puedo soportar este paternalismo del Estado.

Ramón_Lozano dijo...

Desde ese punto de vista no hay nada que objetar. En este caso he dejado de lado la política como tal para centrarme en lo que me molesta como persona.Es cierto que se trata de una medida anti-liberal cien por cien, pero no menos cierto es que encontrar una discoteca o un bar de copas donde no se pueda fumar y que esté lleno, con buen ambiente, precios normales y todo eso, no es más que una utopía tal y como están las cosas. Algunos establecimientos se la jugaron y tuvieron que desistir, lo que por otro lado evidencia que no nos molestará tanto a los no fumadores. En cualquier caso nuestra salud nos lo agradecerá.

Saludos

Corfu dijo...

Yo también lo veo desde tu perspectiva Ramón, personal, y se va a agradecer llegar a casa sin ese olor a tabaco y a la larga también nuestra salud lo agradecerá.

Ahora bien, detrás de todo ello está la política de tanteo que sigue siempre este gobierno; lo de las reformas de hace dos años pues hubo alguna queja y tal... pero tampoco excesiva y que mejor oportunidad que ahora seguir con ese plan si tampoco, previsiblemente habrá tantos en contra y si otros muchos a favor? digo yo que eso es lo que tengan en mente estos señores... no obstante cualquier día nos dirán como respirar en la calle...

SALUDOS