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La fiesta del norte de España

Regreso tras unos días duros, muy duros, pero disfrutado a lo grande en la asturiana localidad de Ribadesella, epicentro de la fiesta del norte de España durante el fin de semana recién acabado. De hecho, como tuve la suerte de acudir a San Fermín el año pasado pretendo comparar vagamente ambos acontecimientos festivos. En los 2 lugares estuve sólo un día, el sábado, y el conductor era yo, lo que hace de estas experiencias algo muy duro el domingo por la mañana.


Pamplona durante sus internacionales fiestas se convierte en una ciudad imposible de habitar, con sus calles del centro abarrotadas de turistas y pamplonicas ataviados de pantalones y camisa blanca y faja roja, como debe ser. Pero por desgracia irse de pinchos al centro al mediodía es algo que se debe recapacitar seriamente, pues la aglomeración humana y de desechos, los olores nada agradables que atestiguan lo acaecido la(s) noche(s) anterior(es) y el sol impenitente hacen de esta vivencia algo más duro que la posterior fiesta.


Pero como buena ciudad que es posee unos parques muy interesantes donde preparar la noche descansando y cobijándose bajo algún árbol, como bien hicimos en el parque Yamaguchi donde afortunadamente logramos aparcar. Cuando el día va a acabar lo suyo es ir tomando posiciones para ver los fuegos artificiales y beber lo que se quiera beber antes de ir al centro, pues los precios son prohibitivos, por no decir que son auténticos robos. Y así toda la noche hasta que la gente se posiciona en las barreras para presenciar el encierro. Como eso requiere de demasiada paciencia (al menos 2 horas sin hacer nada para mantener tu preciado puesto) una pantalla gigante situada en la Plaza del Castillo resuelve la papeleta a los miles de jóvenes que prefieren sentarse en el suelo a contemplar la tradición.


Pero Ribadesella es otra historia. El reclamo no son los toros sino el famoso descenso del Río Sella, con participantes de todo el mundo. Al calor del evento deportivo se desarrolla el resto de actividad festiva en este pueblo de 6000 habitantes del litoral asturiano que multiplica su población varias veces. Los precios más comedidos hacen de esta fiesta un acontecimiento más popular y epicentro del ocio del noroeste de España.


El tiempo se pasa volando entre buscar una sombra junto a alguna tienda de campaña, las cuales campan a sus anchas por toda la localidad, pasar por la playa y calarlo todo (incluido llave del coche y móvil, ambos "ahogados") y regresar al coche, aparcado a un par de km para retomar energías, coger algo que abrigue lo justito y enfilar la fiesta nocturna. Y todo ello aderezado con una buena cobertura de la Guardia Civil y de los servicios de emergencias, incluyendo un rutinario control de alcoholemia el domingo por la mañana a la salida del pueblo.

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